Morfeo está enfadado conmigo, aunque ahora esté sentado a mi lado rogándome a gritos que le acompañe. Además de arruinarle sus citas con otros mortales, yo no acudo a su encuentro desde hace 40 horas. Sí, 40 horas sin adentrarme en el mundo de los sueños. Las circunstancias de mi impersonalidad con él no importan demasiado, lo que importa es todo lo que se puede hacer en 2.400 minutos seguidos, sin descanso, sin cortes publicitarios. Pensar, hablar, reir, comer, trabajar, tomar unas cervezas, volver a reir, volver a pensar, hacer tortillas de patatas, cantar, viajar, pisar la arena caliente, darse un baño en el Mediterráneo, tumbarse al sol, mirar el cielo, de nuevo reir, de nuevo pensar, y mil y una cosa más caben en casi dos días sin freno. Me preguntó cómo sería la vida si no fuesemos seres imperfectos debidos al descanso.
Ahora debo detenerme, pues pudiese ser -ojalá fuese- que la incertudumbre se convierta en certeza, y que ésta reclame un buen estado físico que el Rey de los sueños me niega castigándome por mi rebeldía.
2 Comments:
At 7 de junio de 2004, 22:53,
Anónimo said…
El insomnio es una de las cosas que más miedo me da. Tanto, que a veces no puedo dormir.
El de la Caverna.
At 8 de junio de 2004, 0:33,
La maldita said…
La verdad es que cuando es Morfeo el que se hace el remolón tener los ojos abiertos es una pesadilla. Pero tu y yo sabemos que también eres un rebelde de las horas acordadas.
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